BRASILIA.- Brasil está en una ofensiva diplomática para defender su producción de biocombustibles a base de caña de azúcar, en medio de críticas mundiales al uso de alimentos para generar carburantes, anunció ayer un alto funcionario.
El nuevo director del Departamento de Energía de la Cancillería, André Correa do Lago, dijo que el país quiere aclarar al mundo que los biocombustibles brasileños no compiten con la producción de alimentos y que su producción es sustentable.
Aseguró que la producción brasileña está en condiciones de cumplir con cualquier certificado de sustentabilidad que requiera la Unión Europea (UE), donde el tema es motivo de una discusión interna para decidir las condiciones en que podrían importar biocombustibles.
"Apelaremos si los criterios distorsionan el comercio", indicó.
La UE avirtió en abril que los biocombustibles, que Brasil espera exportar al bloque, deben cumplir con ciertos criterios respecto a su potencial daño ambientel y social.
Correa expresó que se pretende explicar que el etanol a base de caña de azúcar producido por Brasil es más eficiente que el de maíz producido en Estados Unidos y que el de remolacha elaborado en Europa, tanto por su rendimiento energético como por el hecho de que sus emisiones de dióxido de carbono son menores.
"Queremos que las personas tengan información sobre el etanol brasileño", indicó Correa. "Hay críticas que deben ser aclaradas".
Precisó que se ha criticado que la producción de caña de azúcar para etanol podría impactar la biodiversidad, al presionar por la destrucción de la Amazonia y otras áreas sensibles para ampliar el área de cultivo.
Al respecto, dijo que no es necesario destruir bosques para aumentar la producción de caña porque hay suficiente tierra disponible en el país, pero admitió que faltan estudios para asegurarlo.
Admitió también que la industria del alcohol ha sido señalada por prácticas laborales censurables, incluso por condiciones de trabajo análogas a la esclavitud, pero Correa aseguró que Brasil está luchando contra ese tipo de prácticas ilegales.
"Los biocombustibles tienen un simbolismo muy fuerte en Brasil, son algo nacido en un país en desarrollo que se estableció en los países desarrollados", explicó, tras recordar que el mayor exportador mundial de etanol de caña de azúcar comenzó su producción en los 70.
No obstante, aclaró que la política brasileña no es de abrir mercados para su propio etanol, sino de promover su producción en otros países en desarrollo para su consumo interno y la exportación a los mercados desarrollados.